domingo, 31 de mayo de 2009

MATAR O NO MATAR, HE AHI EL PROBLEMA (1973)

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En primer lugar, no sería justo que me refiriera a esta película de la que hoy voy a hablar sin mencionar otra, El abominable Dr. Phibes, que dirigida dos años antes por Robert Fuest (director a recuperar y al que dedicaré algún espacio un día de estos), tenía muchas similitudes argumentales, coincidiendo también en el protagonismo de Vincent Price, uno de los mejores y más representativos intérpretes del cine de terror.

Matar o no matar... (nada que ver con el título en inglés Theatre of blood, aunque al menos este que le pusieron en España resulta original), producción de terror británica (aunque mas cerca de la comedia negra, diría yo) realizada al margen de las dos grandes compañías inglesas especializadas en ese género por aquel entonces (Hammer y Amicus), no es desde luego, una obra maestra. En todo caso es una película que posee algunas virtudes, minimizadas por el paso del tiempo, por la excesiva similitud con un producto anterior y por la discreta realización de Douglas Hickox, el típico director de productos de encargo, profesional en su cometido pero gris e incapaz de aportar un sello personal, dejándolo todo en una puesta en escena plana.
Pero, pese a ello, posee suficientes elementos para entrar, quizá por los pelos, en eso que podemos denominar película de culto.

Edward Lionheart (Price) es uno de los mas reputados intérpretes de Shakespeare. Cuando la asociación de críticos de teatro le deniega por enésima vez el premio al mejor actor, no puede soportarlo: acaba trastornándose y opta por el suicidio (que no consuma, pero se le da por muerto). Sin embargo, dos años después reaparece en secreto, para vengarse de todo ese grupo de pedantes, asesinándoles disfrazado de diferentes personajes utilizando métodos basados en obras de Shakespeare, mientras recita los textos correspondientes. Para ello contará con la colaboración de su hija, interpretada por Diana Rigg, una de las protagonistas de la mítica y entrañable serie Los Vengadores (muchos de cuyos capítulos dirigió el antes mencionado Robert Fuest) y también chica Bond en 007 Al servicio de su majestad (1967), protagonizada (única vez) por el mediocre George Lazenby como el agente con licencia para matar, aunque estuvo a la altura de otras películas de la saga.
Además de su hija, Lionheart contará con la ayuda de un grupo de siniestros mendigos, que fueron quienes le rescataron de su pretendido suicidio.

Si en el Dr. Phibes, que por cierto tuvo una secuela contemporánea a Matar y no matar..., Price se vengaba de un equipo de médicos que habían provocado la muerte de su mujer tras un accidente inspirándose en las plagas bíblicas, aquí se utilizan los clásicos shakesperianos, y además se consigue el mismo efecto, es decir, que el público simpatice mas con el asesino que con sus víctimas, que resultan en general odiosas y meros vehículos para una serie de acciones que son la verdadera base argumental.

Aparte de lo mencionado anteriormente, se echa de menos un mayor análisis psicológico de los personajes, en especial del de Price y de su hija. Los flash backs resultan algo inoportunos y poco explicativos, así como un final mas propio del cine de acción en el que se cae mas aún en la parodia y en algunos elementos tópicos.
Pero aún así, la curiosidad del argumento, lo impactante de algunos momentos y la presencia, aparte de los mencionados Price y Rigg, de un notable grupo de secundarios británicos de la época (Ian Hendry, Robert Morley, Harry Andrews o Jack Hawkins) siguen convirtiendo Theatre of Blood en una película recomendable y a recuperar.


1 comentario:

Play Blackjack dijo...

It is remarkable, rather useful piece